El patio queda atrás de la casa de pepe, está cerca de la casa de la vieja. Los chiquillos hacían demasiado ruido, pues los niños jugaban en el patio, así que la vieja estaba irritada y molesta porque le impedían dormir. Ella era una pobre mujer solitaria y amargada.
Salió sin ruido, salió sigilosamente porque tuvo una maligna idea. En la casita estaba Júpiter, ella se dirigió a la casita, el estaba apacible y amodorrado, la vieja lo soltó y lo azuzó contra los niños. Ya Júpiter era un feroz y nervioso animal.
Los niños se ponían a salvo en la casa de pepe, se ponían a salvo en los árboles, se ponía a salvo arriba en la barda, se ponía a salvo donde podían, cada uno corría a ponerse a salvo. Ellos aterrados lo veían llegar.
De repente, pepe se puso a gritar por el dolor y por el miedo. Pues Júpiter más nervioso por el alboroto de los niños alcanzó un brazo de pepe.
Don Jorge era el padre de pepe y al escuchar salió Don Jorge quien logró desprender al niño del animal y la vieja se reía y se burlaba y Don Jorge profería insultos y amenazas contra la vieja.
La madre cuidaba al niño y el hombre entro a su casa, pues llamó a la policía, no es la primera vez que sucede, aseguró. Él expuso el asunto. Se oyeron las sirenas de la policía y se presentaron en casa de la vieja. Un policía entregó un citatorio y el otro policía amarraba al perro. Pobre Júpiter, él no tenía la culpa.